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Roger
De Coster, de nacionalidad belga, a simple vista parecía un hombre
como cualquier otro, pero al volcar su pasión sobre las dos ruedas
dejó bien en claro que más que un hombre era un maestro
de las pistas.
Nació el 28 de agosto de 1944 en Molenbeek, Saint-Jean, una localidad
próxima a Bruselas y enseguida despertó su afición
por el motociclismo todo terreno.
Participó de algunas carreras y posteriormente se dedicó
al trial, donde consiguió el Campeonato de Bélgica de
esta especialidad en la categoría 50 cc.
Casi en forma paralela se interesó cada vez más por Motocross
y, en 1962, se largó en la dura trepada hacia la cumbre de la
"Internationaux" (la categoría más prestigiosa
para un piloto belga), que consiguió después de pelearla
tres duros años -en 1965-. Conforme con este logro decidió
hacer un paréntesis en la actividad todo terreno para fijar su
vista en la regularidad, en donde consiguió lo que él
se había puesto como meta: la Medalla de Oro en los Seis Días
Internacionales de Erfurt, en Alemania Oriental.
Después de mucho sacrificio por fin parecía que la suerte
le estaba dando una mano cuando sufrió el accidente más
grave de toda su carrera. Fue en 1966 en Eksaarte, cuando en plena carrera
un chico se metió en la pista y Roger, para no atropellarlo,
se tiró y cayó muy fuerte. Si alguien del público
justo estaba pestañeando se perdió de ver a De Coster
en el piso porque inmediatamente él y su moto estaban girando
otra vez y, para sorpresa de todos, subió al primer escalón
del podio luego de vencer al rival más fuerte que tenía,
Joël Robert.
Ese día no sólo se llevó el trofeo a su casa, sino
que también se llevó una grave lesión renal que
hasta se decía, podía alejarlo definitivamente de las
pistas. Pero su costumbre era pelearla, tanto dentro como fuera de los
circuitos, y con una gran fuerza de voluntad en un tiempo el gran Roger
De Coster formaba nuevamente parte en las grillas de partida, esta vez
lo hacía por la firma CZ.
De Coster, si bien en todo lo que hacía demostraba que tenía
pasta, no era para nada popular. Imparable, un piloto como pocos, pero
pese a su esfuerzo no lograba resaltar.
Buscando una confirmación de su talento llega la penúltima
fecha del Gran Premio del Mundial de 500 cc en 1969. Ese año,
en el circuito de la Citadelle -en Namur-, el día estaba por
demás caluroso y el circuito saturado de polvo. A lo largo de
todo el sinuoso recorrido formando parte del decorado del lugar se encontraba
una multitud de fanáticos aficionados ansiosos de ver una victoria
de los pilotos "de casa".
Apenas en la primera manga De Coster logra adueñarse del primer
lugar. Por ese entonces para tener acceso a la puntuación final,
el requisito era terminar las dos mangas y es por esto que la multitud
esperaba la largada de la segunda. De Coster se sintió muy presionado
y sus nervios lo traicionaron. Mientras luchaba "codo a codo"
con otros pilotos tuvo un roce con uno de ellos y terminó en
el piso. Volvió casi de inmediato, se había golpeado bastante
pero no tenía heridas graves. El resto de los competidores ya
habían tomado una buena delantera, pero parece ser que a Roger
las caídas lo motivaban porque se lanzó en una persecución
demoledora, no apta para cardíacos.
A
partir de ese momento se pudo asistir a una de las más espectaculares
demostraciones de Motocross de todos los tiempos. Al final de la primera
vuelta el belga estaba en la 24ª posición, ya al término
de la segunda había superado a seis competidores y a la tercera,
a otros cinco. Al final de la quinta vuelta ya estaba en la octava posición
y en la sexta logró superar a otros dos pilotos. La parte más
difícil, por llamarla de alguna manera, ya había quedado
atrás, pero todavía le esperaba la dura tarea de superar
a los cinco corredores que marchaban en punta. Para pasar del sexto
puesto al quinto necesitó tres vueltas, y otras dos le fueron
necesarias para pasar del quinto al cuarto. Giró dos vueltas
más e increíblemente logró ubicarse en la tercera
posición. Los 40 minutos estaban ya llegando a su fin cuando
se anunció que solamente restaban dos vueltas. La multitud belga
estalló por completo, rompió las barreras de protección
e invadió la pista justo en el instante que De Coster cruzaba
la meta en segunda posición, en plena lucha por la victoria final
con John Banks. Los cronómetros, sumados los tiempos de las dos
mangas, dieron como único y gran ganador a Roger De Coster con
un margen de tiempo sobre su rival de tan sólo 4"3. Aquel
día quedó grabado en el corazón de los belgas y
en la mente de todos los que vieron y vivieron esa "cacería".
Fue ese el primer gran triunfo de un hombre que no tardaría en
imponerse como lo más grande que tuvo el Motocross.
Para sorpresa de Roger, cada vez encontraba más dificultades
de colaboración por parte de la fábrica checa de motocicletas.
En la clase 250 cc la fábrica Suzuki contaba con un equipo formado
por dos pilotos: Joël Robert y Sylvain Geboers, que casi siempre
se adueñaban del primer y segundo puesto a la hora de bajar la
bandera a cuadros.
Había intereses en impedirlo y CZ sacó a De Coster de
la clase 500 cc y lo inscribió para la temporada de 1970 en la
del cuarto de litro. Esto que habría constituído una dura
prueba para cualquiera lo fue aún más para Roger, único
piloto oficial de CZ en la cilindrada y que seguía sin recibir
de la firma el apoyo que él necesitaba. A pesar de todo y para
confirmar su asombrosa capacidad basta decir que durante la temporada
de 1970 logró entremeterse entre la hasta ese momento inseparable
dupla de Suzuki preocupando a los técnicos de la firma japonesa.

Al finalizar el año Suzuki le dio a De Coster lo que él
tanto quería: una moto, un contrato y la orden de conseguir el
título de 500 cc.
Doce meses más tarde Roger De Coster era flamante Campeón
Mundial afirmando que talento le sobraba, sólo necesitaba apoyo.
Este triunfo se repitió en 1972, 1973, 1975, y 1976. Durante
estos años tuvo que enfrentarse a una cantidad de adversarios
que no le facilitaron para nada la obtención de cada victoria,
disputando cada campeonato hasta la última instancia.
Los pilotos más fuertes con los que se midió fueron: Johnson,
Bauer, Wolsink y sobre todo Mikkola, quién le impidió
acreditarse los títulos mundiales de 1974 y 1977, momento en
que De Coster bajó un poco su nivel pero igualmente en ambas
oportunidades logró el segundo puesto.
A esta larga e inaudita trayectoria puede agregarse que fue elegido
12 veces para el "Motocross de las Naciones" y para el "Trofeo
de las Naciones". También supo ser un Campeón de
la serie americana Trans-Ama, en el transcurso de las cuales se adjudicó
cuatro ediciones.
Acerca de la técnica de manejo de Roger se puede decir que su
estilo no era ciertamente espectacular. Su técnica era conducir
por lo general, controlado y adueñándose de sí
mismo, pero sin lugar a dudas la especialidad de él y donde más
se lucía era en las cuevas: entraba dominando la moto como nadie
a una velocidad impresionante.
Desde
que alcanzó el Campeonato Mundial pasó casi todos los
inviernos en los Estados Unidos junto a su esposa, Laurie Adams, participando
en las series Trans-Ama.
De Coster logró ser Campeón del Mundo de la clase 500
cc durante cinco años (de 1971 a 1976, con un lapso en 1974).
Preveyendo el momento de la retirada emprendió
un negocio de venta de motos y accesorios en la localidad de Tremelo.
En 1995 De Coster fue nombrado manager del equipo de motocross de competición
Suzuki, en Estados Unidos, del cual formó parte en el ´97,
siendo Roger el principal estratega del desarrollo de estas motocicletas.
Lo que hacía la marca era entregar a los pilotos una moto cualquiera
y De Coster se encargaba de preparar las Suzuki Japón y ponerlas
a punto para competición. Son las mismas que presentó
la marca en los modelos de 1998.
Luego de algunos retoques Suzuki presentó el mejor modelo del
´99 con el que el piloto Greg Albertyn salió Campeón
del Motocross americano ese mismo año.
Roger De Coster, el padre del motocross, fue el que lo transformó
hasta llegar a lo que es hoy en día.
¡¡¡Gracias Roger!!!
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